viernes, 19 de agosto de 2016

EL RACISMO GITANO QUE NO ES GITANO

Por Antonio Moreno Ruiz
Historiador y escritor 

Como nuestros lectores saben, alguna que otra vez hemos hablado del flamenco (1) y sus tópicos. Gracias a Dios, éstos cada vez son más superados, pues las evidencias son demasiadas. Y aunque los cansinos siguen con sus historias, la mayoría de las veces da pereza siquiera contestarles. Pero esto ya nos parece de fuerza mayor, porque los insultos racistoides contra nuestro pueblo nunca son tolerables.
Conste que, así como encabezamos este escrito, en absoluto juzgamos mal al pueblo gitano, sino al contrario: Contestamos a quienes utilizan al pueblo gitano para imponer una suerte de racismo exclusivista extrahispano y “post-romántico” que no se sostiene por ninguna parte.
Desde hace tiempo, Ricardo Pachón y adláteres vienen desbarrando sobre el flamenco en base al purismo racista dizque gitano. Curioso es que haga alarde de purismo excluyente a la vejez quienes, durante toda su vida, produjeron fusiones un tanto indigestas que nulo favor le hicieron al flamenco. Quedará muy moderno y muy “underground” y todos esos anglicismos del demonio mezclar flamenco con jazz o lo que sea, pero recuerdo que, aunque yo era muy niño, en aquella época todo aquello recibía críticas de los “puristas”, entre otras cosas, porque se hacía con músicos muy de Despeñaperros para arriba. Y con unas voces roncas desagradables que jamás existieron en el flamenco. Pero desde luego, es muy socorrido recurrir al racismo cuando no se llega.
Está claro que para gustos los colores, pero si nos remitimos al “flamenco puro”, poco favor le ha hecho. El flamenco cada vez está más mediocre y menos creativo. Y si se ha mantenido hasta hace poco, era gracias a las sagas de artistas y al celo fervoroso de muchos oyentes y curiosos. Desde hace años, sin embargo, desde el Estado se hace la guerra a la familia y al pueblo, adocenándolo para que abandone su cultura y sus costumbres y se eche en manos de lo primero que venga de fuera como si fuera el maná. Si la generación de mis padres tenía el complejo de que “tenemos que ser como Europa”, nosotros ya celebramos Halloween. Eso sí: Con voces roncas, como quien se harta de aguardiente luego de ponerse fina la nariz. Creando escuelas de borricos resfriados y demás malos imitadores.
Qué imagen tan lamentable, joder.
El escrito de Ricardo Pachón puede verse completo en el enlace:


Es bastante largo. Con todo, vayamos a sus ideas-fuerza:


LO QUE SE HA ESCRITO HASTA AHORA DE FLAMENCO NO VALE, PORQUE HA SIDO ESCRITO POR FLAMENCÓLOGOS PAYOS

No sorprende que se acuda al término “payo”, que es un vocablo racista. Pero bueno, todo ello corrobora lo que decimos: Si uno es “castellano”, no puede ni siquiera investigar, porque no le va a salir bien.  Vamos, yo, que soy de la Andalucía profunda a través de muchas generaciones (puestos a jugar a ser Sabinos Aranas…) resulta que soy sospechoso de “manipulador” según el criterio de alguien que es tan “castellano” como yo o más. Sin embargo, ese racismo gitanista-determinista se le olvida cuando cita como reputado flamencólogo a ¡Caballero Bonald! Descendiente del vizconde de Bonald, un pensador reaccionario francés. Sí señor, para dar lecciones de pureza gitana estamos… Y en su lista de cantaores, se le “olvida” a Silverio Franconetti, el mismo que extendió lo que a finales del siglo XIX se conoce como flamenco y que antes entraba dentro del Cante o Género Andaluz, y que no era gitano. Chacón tampoco era gitano. Y tantos y tantos otros. Pero claro, es que nosotros no podemos hablar de estos temas. Sólo Caballero Bonald y Pachón.
Por cierto, para quejarse de la clase política, hay que recordar que Pachón fue un militante histórico de la “autonomía” con la bandera islamizante del antitaurino y antisantiaguista (y amigo de racistas antiespañoles) Blas (Ahmad cuando se convirtió al islam) Infante y Pérez de Vargas de por medio, uno de tantos que jamás ha reconocido su mediocre culpa en aquel proceso caciquil que nos tiene postrados desde entonces, y que nos ha forzado a tantos jóvenes a la emigración. Y a Caballero Bonald le han dado el Premio Cervantes, igual que Juan Goytisolo. ¡Grandes ejemplos de persecución y rebeldía! Qué falsas suenan esas quejas de la política, de una política a la que algunos tanto han contribuido, y que tanta responsabilidad tienen como los políticos. Sé positivamente que no pagarán en vida sus tropelías, pero del juicio divino sí que no se escapa nadie.
Ah, Demófilo; otra autoridad a la que se recurre, tampoco era gitano. Y hasta tenía orígenes muy de Despeñaperros para arriba. Y si bien es cierto que su labor es encomiable como recolector de letras, no sabíamos que sus conclusiones eran palabras de Dios, máxime cuando no era gitano…


LOS GITANOS ANDALUCES FORMAN UNA ISLA ENTRE SEVILLA Y CÁDIZ EN LA CUAL NO SE CONTAMINAN CON OTRAS MÚSICAS

Se dice que: “Con meridiana claridad Caballero Bonald confirma la importancia del pueblo gitano-andaluz en el nacimiento de este arte. Por supuesto que los gitanos no traían el flamenco del Punjab, ni de los países transitados en su hégira desde la India a Triana. En todas las caravanas gitanas viajaban familias de herreros, caldereros, tratantes de ganado y, por supuesto, músicos y danzantes. Estos últimos fueron ampliando su música y su instrumental al paso por Rajastán, Asia Menor, Grecia, los Balcanes, Imperio Austro-Húngaro, Francia y España.
Llegaron a Triana sobre 1470 y en este arrabal de marginados convivieron con judíos conversos, moriscos y, sobretodo, esclavos negros escapados o manumitidos de casas sevillanas. Por eso no debe extrañarnos que en el Libro de la gitanería de Triana, escrito por Jerónimo de Alva y Dieguez, en 1749, se mencionen, como bailes de gitanos el cumbé, el guineano, el mandingoy y la zarabanda, todos de origen africano.”

Como historia romántica de un nacionalismo rancio trianero, queda muy bien. Pero muy pronto llegan las contradicciones; obviándose asimismo que en Triana no sólo vivían gitanos, negros y moriscos, sino también muchos “castellanos”, e incluso hubo un barrio de portugueses. Los judíos conversos no vivían precisamente en Triana, sino en otras zonas, generalmente más pudientes; y desde luego, no constituían ningún "proletariado". Aunque de todas formas, Triana no era un “arrabal marginado”, y dentro del otro lado del río, había ricos y pobres. Como en todos lados.
Sevilla y Cádiz, desde finales del XV a finales del XVIII, albergaron un gran círculo metropolitano donde, amén de gentes de todas las Españas (catalanes, gallegos, leoneses, castellanos, vascongados…) y otros grupos ya mencionados, se dieron cita franceses, alemanes, flamencos, genoveses, florentinos… Hasta armenios. Era un circuito “cosmopolita” de la época, uno de los más florecientes del mundo, avanzadilla del Atlántico hacia Canarias y América. ¿Y en este contexto, los gitanos desde Triana a Cádiz mantuvieron una pureza absoluta que venía de ellos y de nadie más (bueno, que sí, que de los negros también…)?
Eso por no contar que Andalucía es tierra de repoblación. Algo muy elemental y visible en nuestra identidad popular.
Por otra parte, cierto es que el flamenco tiene un regusto oriental. Dilucidar si eso viene de árabes, judíos, mozárabes, o vaya usted a saber dónde, es una pérdida de tiempo, porque ese tono melismático está extendido por todo el Mediterráneo, al igual que existe en la India o Irán. ¿Se acogieron los gitanos tan pronto a eso porque les recordaba como un aire de familia? A mí me da esa impresión. Pero no estamos ante una ciencia exacta y es imposible categorizar hasta esos puntos.
Si los gitanos no se pudieron aislar de negros y moriscos, ¿se iban a aislar de “castellanos” y portugueses? ¿Iban a escapar a sus influencias? Vamos, que ya puestos, ¿los gitanos asimilaron músicas de negros, pero sin embargo, rechazaron jácaras, folías, romanescas, seguidillas, jotas o romances?
Hablando de moriscos: Los de Triana, en muchos casos, procedían de Granada (a la que expulsan directamente del flamenco). Ya que cita músicas de negros, ¿por qué no cita músicas de moriscos?
Al final me tengo que acordar de “La llave de la música flamenca” (Signatura Ediciones) de los hermanos Hurtado Torres, libro capital sobre el flamenco desde un punto de vista musical –que no “anecdótico”-, donde se nos recuerda cómo ya desde finales del siglo XVIII ciertos románticos proyectaban sus sueños sobre los gitanos, poniendo palabras en sus bocas que jamás habían dicho.
Yo la verdad es que no sé en qué beneficia a los gitanos esa etiqueta de “marginal”, pero más de uno se sorprendería al ver las memorias del general Queipo de Llano, donde alaba vehementemente a los gitanos por haber colaborado con el Alzamiento. Además de eso, sabido es la buena sintonía que hubo entre la comunidad gitana y la Comunión Tradicionalista, habiendo colaboración activa para proteger la iglesia de San Román del terror rojo, así como hubo gitanos en el Requeté. Gitanos ha habido siempre de muchos tipos. No todos han sido canasteros. Y tampoco han sido todos bohemios progres, que es un fenómeno de Mayo del 68. Más bien al contrario: Si por algo se han destacado muchas familias gitanas es por haber sido gentes que han valorado el orden y la tradición por encima de todo. Y eso poco casa con determinadas ideologías modernas, que al final, no demuestran sino un paternalismo muy mal disimulado; una especie de complejo de superioridad que se cree poder enseñar y utilizar a los demás; como tantos progres oenegeros que exportamos desgraciadamente por el mundo con el dinero de todos, faltaría más.


LA ¡INVASIÓN! DEL FOLCLORE ANDALUZ E HISPANOAMERICANO…

En verdad es bueno que diga esto, porque el que más y el que menos se da cuenta del aire de familia existentes entre muchas músicas de Andalucía e Hispanoamérica, siempre con el filtro de Canarias y Cuba por bandera.
De todas formas, ya que se utiliza el término “invasión”, ¿nos podrían explicar los racistas gitanistas por qué en la forma de la guitarra que acompaña al cante de la soleá hay regusto de fandango antiguo, que ya en el siglo XVIII el Diccionario de Autoridades refleja como un “baile muy alegre que han traído los que han estado en las Indias”? ¿Por qué esa “forma” de guitarra esté presente también desde México a Argentina?
¿Por qué Caballero Bonald oculta a Silverio Franconetti quien, a su vez, estuvo emigrado en Uruguay?



Silverio Franconetti, buque-insignia del flamenco e ignorado por Pachón y Caballero Bonald, entre otros. 




Díganme una cosa: Si uno de los platos más famosos de la cocina española es la tortilla de papas, gestada en la cocina del general carlista Zumalacárregui, y si hasta el gazpacho lleva tomate… Quiero decir, si en las cosas más cotidianas referentes a nuestros usos y costumbres hay acriollamientos, ¿la música iba a escapar a ello? ¿O es que sólo hacían música unos supuestos gitanos puros aislados del resto del mundo?
Que haya gitanos rubios, otros que parezcan hindúes, otros que parezcan moros y otros que parezcan mulatos será puritita casualidad y, por supuesto, eso de los fenotipos y las costumbres nada afecta a la pureza de la música, que es una suerte de esencia racial distinta de todo lo que rodea. Una música que se ha mantenido pura e intocable desde el siglo XV, eso sí, sólo con algunos ribetes negros... El problema es cuando la palabra “tango” aparece en Cádiz en el siglo XIX como el tango de los negros, pero también como el tango americano… Así como en los teatros de La Habana ya está documentada en el siglo XIX la presencia del Cante o Género Andaluz, que convivió con el zortzico vasco y otras músicas peninsulares y criollas. Qué “casualidad” que Pepe Marchena, uno de los más grandes cantaores (mucho más cantaor y no digamos flamenco que muchos de los postcamaroneros de Pachón y compañía) creara la colombiana flamenca a través del corrido mexicano y el zortzico… Pero claro, si los flamencos no salieran de Triana o Cádiz y como mucho sólo captaran algunos “bailes negros”… Pero negros de Triana, eh, que no de Cuba ni de otros lugares.
Ya en serio: De “invasión” nada. Algo tan real como vivo, fascinante y emocionante. Crisol de músicas y de gentes cuyo tronco es muy anterior a la llegada de los gitanos. Un mundo mucho más rico y complejo que la mentira de las patas muy cortas que ya provoca vergüenza ajena.


EL FLAMENCO NO ES “ARTE POPULAR”

En cuanto al racismo, parece que también se da una suerte de “aristocracia” atragantada. Por lo visto, para algunos ser artista o ser del pueblo es una deshonra.
Hay que decir que el flamenco no es folclore. Cierto. Me gusta la definición del musicólogo Faustino Núñez: Reinterpretación del folclore, desde una óptica “andaluzada” o también “agitanada”, si se quiere. Pero el flamenco no nació en una isla racista, ni tampoco el pueblo gitano nació con tal esquema. Y entre los gitanos, como entre los castellanos, han sido los buenos artistas profesionales los que se han dedicado a extender, pulir y evolucionar los diferentes palos de una música llena de sutilezas y hasta refinamientos. Y de una música que siempre ha estado presente en toda Andalucía (y Granada, que no fue oficialmente Andalucía hasta el liberalismo del siglo XIX), incluyendo lindes extremeños y murcianos.
Dentro de las formas artísticas, resulta que el “postcamaroneo” ha extendido, además, la idea que cantar con la voz ronca es lo “puro/gitano”. Sin embargo, las grabaciones de principios del siglo XX, las más antiguas y “puras”, nos dicen todo lo contrario: Se cantaba con voces “laínas”, las mismas que empleaban la Niña de los Peines o el Gloria. ¿Y cuando le decían al Carbonerillo “¡así se canta gitano!”? A día de hoy, Antonio Mairena o Manolo Caracol sonarían “payos” según los estereotipos más racistas y cerriles. Por cierto, estereotipos que están dejando al mairenismo en pañales.
Y sí: El flamenco no es popular en toda Andalucía. Pero no por ello es “mayor” o “menor”, ni ajeno al acervo etnomusical del sur ibérico. El flamenco se nutre –y reinterpreta- de ese acervo musical preexistente. Se entiende el flamenco a partir de ello y no al revés.
Como para hablar de “invasiones”, que manda huevos.
Esta actitud exclusivista es la que provoca antipatía y recelo a una de las mejores imágenes de España y a una de las músicas más ricas de Occidente. Esta actitud es la misma que tienen los que rechazan el flamenco como algo “no español”. Al final, Dios los cría y ellos se juntan. Todo sea por buscar hechos diferenciales que nos dividan y desquicien más todavía.
En fin: Como decimos, esto da pereza ya. Pero ante el insulto y la mentira, no se puede uno callar.

Por desgracia, pienso que vivimos uno de los últimos momentos del flamenco. Al no haber familias, no hay transmisión. Al no haber transmisión, el flamenco se pierde, pues es una música llena de sutilezas, matices y hasta refinamientos, que no se aprende en un rato, ni se abona con modas más o menos pegajosas. Al estar invadidos por hechos culturales anglomediocres y por topicazos deformadores, esto no es sino una consecuencia lógica. Este racismo es el que ha hecho que muchos de Despeñaperros para arriba, con voces roncas, estén vendiendo por medio mundo algo que aburre y chirría. Eso, mientras se ha desprestigiado a muchas músicas y cantaores que brillaron por su excelencia. Al final, todo se paga. Y vaya si lo estamos pagando… Pero eso sí: Al menos, las corrientes más lógicas, musicológicas y antropológicas, nos han hecho ver la luz ante tanto desafuero. Y quien sabe si en verdad no está sino rebrotando esa hermandad natural entre músicas que nos pueda llevar a una mejor comprensión entre hispanos… Total, por soñar, que no quede. Al final, no hay mal que por bien no venga. Y de males ya estamos hartos. 



(1) ENLACES:

lunes, 11 de julio de 2016

EL “RELINCHO” EN LA TRADICIÓN VOLK-LÓRICA DE LOS PUEBLOS DE ESPAÑA.

 
Detalle parcial del relieve ibérico encontrado en el término de Martos, pieza de singular interés conservada en el Museo del P. Recio.


Manuel Fernández Espinosa


En los pueblos indoeuropeos el “caballo” ha desempeñado, desde la más remota antigüedad, un papel predominante que tendrá, en los rituales y relatos míticos, un importante protagonismo. El simbolismo del “équido” es muy complejo, y se han vertido ríos de tinta en su interpretación. Para Mircea Eliade era un “animal ctónico-funerario”, pero Mertens Stienon consideraba que era un antiguo símbolo del movimiento cíclico de la vida manifestada. Diel cree que el caballo simboliza los deseos exaltados, los instintos primarios, “de acuerdo con el simbolismo general de la cabalgadura y del vehículo” –según Juan Eduardo Cirlot. Sugiero que, de entre todas estas interpretaciones, retenga el lector ésta última de Diel para mejor entender lo expuesto más abajo.

Los “Asvins” indios, los griegos Cástor y Pólux, los anglosajones Horsa y Hengist... Serían expresiones de un mismo mito ancestral: el del caballo y el jinete que luego se transforma en el mito de los Gemelos. Según Puhvel, el mito de los gemelos se podría interpretar –en el mito y ritual proto-indoeuropeo- como el acoplamiento de un jinete con un caballo. Se sabe que los celtas continentales adoraban a la diosa Epona bajo figura de yegua blanca, pudiéndose comparar los rituales anejos a este culto de Epona con el “asvamedha” indio. En la Hispania indoeuropea encontramos una serie de animales sagrados entre los que, según la Doctora Guadalupe López Monteagudo, figuran “el ciervo, el caballo, el jabalí y el toro”. Sobre la función apotropaica (protectora de tumbas) y psicopómpica (conductor del alma del difunto al “más allá”) del caballo tiene espléndidas páginas el erudito Profesor D. José María Blázquez, que no obstante piensa que “La Península Ibérica, por otra parte, nunca fue devota de Epona” a juzgar por los pocos vestigios epigráficos que pueden alegarse a favor de ese culto.

No obstante, a pesar de los reparos que una autoridad como la del Profesor Blázquez hace al culto de Epona en Hispania, hay que señalar que existe una multitud de estelas funerarias ibéricas, celtibéricas o celtas halladas a lo largo y ancho de toda la península. En estos monumentos fúnebres el caballo –con o sin jinete- es figura central. Tampoco habría que olvidar que la numismática prerromana es harto elocuente en este sentido, cuando en el revés de muchas monedas aparece otra vez el caballo como animal totémico, cabalgado o sin caballero. El Profesor Alejandro Recio Veganzones estudió un relieve ibérico hallado en el término de Martos, en dicho relieve nos aparece un caballo acompañado de otros elementos que no nos conciernen ahora. El Profesor Recio supone que este relieve decoraba “alguno de los lados de un monumento funerario”. En el arte antiguo se ha interpretado que el caballo –animal eminentemente funerario- condensa un simbolismo que no sólo se restringe al papel de “protector de tumbas” o “conductor de ultramundo”; también se ha interpretado el símbolo equino como simbolización de un hombre heroico.


Como reliquias etnológicas y folclóricas de estas primitivas creencias que tienen al caballo –tanto en los ámbitos indoeuropeos como ibérico- como animal totémico encontramos dos figuras muy curiosas: la del “Zamalzain” (personaje del carnaval de la vertiente francesa de Vasconia) y la del “Zaldiko”, perteneciente al universo carnavalesco de Lanz (en Navarra), ambos muy estudiados por el eminente antropólogo D. Julio Caro Baroja.


Zamalzain” es, según el maestro antropólogo al que seguimos, “el personaje más importante [del carnaval de Zuberoa] que a primera vista representa a un hombre montado a caballo, si bien es verdad que el armazón que pretende simular el cuerpo del animal no lo hace con mucha propiedad. La cabeza del caballo, de madera, es muy pequeña. El hombre lleva un gorro complicado con plumas. Notemos ahora que caballero en vascuence es zaldun-a, y el caballo, zaldi-a.”


En Lanz un personaje carnavalesco, a primera vista parecería homólogo de “Zamalzain”, es “Zaldiko”, aunque Caro Baroja se pregunta: “¿Quién puede ser este hombre-caballo?”; y objeta: “Entre la mascarada de Lanz y las de Zuberoa hay una divergencia notable […] El ser mítico y ritual que los etnólogos de otro tiempo idearon con el nombre particular de “espíritu de la vegetación”, espíritu que pierde y recupera la fecundidad anualmente y que ostenta figura de caballo, no puede seguir haciendo el gasto de nuestras interpretaciones”.


Independientemente de estas consideraciones de Caro Baroja sobre el “espíritu de la vegetación” de la etnología clásica, el asunto sobre el que llamamos la atención es la identificación del hombre con el caballo, que puede apreciarse tanto en los personajes del carnaval vasco-navarro y vasco-suletino como en la hermenéutica del arte ibérico y celtibérico que interpreta al caballo funerario como cifra del difunto heroizado.


Teniendo en cuenta que nuestros antepasados identificaron hombre y caballo, podemos entender que uno de los elementos del folclore hispano fuese el “relincho”, preservado en nuestros días tan sólo entre los vascos, aunque como tendremos ocasión de comprobar, existen vestigios literarios que nos revelan que también el "relincho" estuvo presente en otras zonas de la Península Ibérica.


En los jolgorios vascos, cuando la comunidad está gozando de la fiesta con la música y la danza, los hombres suelen lanzar los típicos “irrintzi” (relinchos). Como todos sabemos, el “irrintzi” es el típico relincho vasco que, en ocasiones de fiesta y regocijo popular, también en combate, profieren los vascones. En la práctica lo encontramos, y también lo hallamos mencionado siquiera de pasada en la literatura. Pío Baroja en “Zalacaín el aventurero” nos pinta a los vascos profiriendo “irrintzi”, también Unamuno aludirá al "irrintzi" -puede ser que, cito de memoria, lo haga en algunas escenas de “Paz en la guerra”.


Menos conocido es que el “relincho” formaba parte también –como expresión de desbordamiento y fiesta- del acervo volk-lórico de otros pueblos de la Península Ibérica; aunque lamentamos que se haya desvanecido en la práctica -y también se haya borrado de la memoria-de esos pueblos que no han sabido conservar las tradiciones de sus ancestros como así lo han hecho los vascos y navarros, dignos de todo nuestro respeto y admiración.


Por haber desaparecido el "relincho" de entre las expresiones festivas de los pueblos ibéricos resulta que sólo podremos hallar su reminiscencia en la literatura. Por ejemplo, en esa fuente inagotable del “Volk-lore” hispánico que es el Teatro Áureo de Lope de Vega. Por citar un ejemplo, valga el de algunas escenas que se nos representan en la muy famosa obra de Lope, “Peribáñez y el Comendador de Ocaña”. En las páginas de esta obra dramática podemos oír a Casilda, la bella esposa de Peribáñez, que dice:


En mañana de San Juan
nunca más plazer me hizieron
la verbena y arrayán,
ni los relinchos me dieron
el que tus vozes me dan
.”


En una de las acotaciones del dramaturgo podemos leer: “Éntrense todos relinchando”.

Creemos que no sólo en Ocaña, sino en toda la Península Ibérica pudiera ser el “relincho” (“irrintzi” vasco) una expresión festiva a lo largo de los siglos, llegando incluso a la época de los siglos áureos. Pero, incluso su uso se prolonga a tiempos más recientes.


En “El sabor de la tierruca” del gran D. José María de Pereda, podemos leer que también el “relincho” era una sólita práctica entre los jóvenes de las montañas cántabras para expresar alegría. Entre muchas menciones que de esta usanza hace el genial autor, podemos señalar la que nos pinta al término de una “deshoja” habida en la acción literaria que tiene lugar en el pueblo-ficto de Cumbrales:


“¡Y en el corral cantares, y en la calleja relinchos y más cantares!”.


CONCLUYENDO:


El “Diccionario de Autores” define el “relincho” con las siguientes palabras: “se toma por los gritos y voces en regocijo y fiesta”. El “relincho” ibérico consistía en la imitación humana de un animal sacralizado entre las tribus autóctonas: el caballo. Dicha emulación cuasi onomatopéyica podría interpretarse como una identificación que el hombre hace de sí mismo con el caballo totémico. Téngase en cuenta que el caballo es, para el hombre antiguo, animal domesticado: valiosísimo para el transporte e imprescindible para la guerra y que, en el simbolismo biopsicológico del caballo, éste representa –recordemos a Diel- “los deseos exaltados y los instintos primarios”. Si el empleo del caballo como animal de transporte depara su sentido “psicopómpico” (vehículo en el más allá) y el empleo bélico que del caballo se hace aporta su sentido “apotropaico” (defensor de tumbas), el simbolismo biopsicológico que repara en la exaltación de los instintos y el deseo -como un desbocamiento- será el que permita entender la propensión del hombre ibérico a identificarse –relinchando- con el caballo que relincha en los momentos más álgidos de su vida: cuando se dispone al apareamiento, cuando emprende una carrera desbocada o cuando expresa su plena satisfacción. Precisamente en momentos semejantes a los de mayor desenfreno para el ser humano: la fiesta y la guerra.


Pensamos que el “relincho” fue una usanza extendida por toda la Península Ibérica desde tiempos inmemoriales y remotísimos, uso que hogaño sólo se conserva en tierras vascónicas –gracias al amor que los vascos tienen por sus tradiciones y no sin desafiar bizarramente la destrucción de "viviendas" (1) que el espíritu moderno ha ejecutado, liquidando costumbres volclóricas. En el resto de la geografía peninsular, siempre más permeable a los vientos destructivos de la modernidad, el “relincho” ha desaparecido prácticamente.


Nosotros, reconociendo que estas líneas no quieren ser nada más que un ligero aproche etnológico, rogamos a los lectores del presente "aproche" que, en caso de poder hacerlo, añadan si lo tienen a bien más material procedente de la literatura o el volk-lore de toda España para dilucidar esta cuestión propuesta. Y, por último, reivindicamos el “relincho” como expresión genuina de la alegría de unos pueblos –los nuestros- que si no relinchan hoy en nuestros días es a buen seguro que por haber perdido la alegría antigua y vital que lo llevaba a danzar y guerrear mejor que ningún otro pueblo del mundo.



(1) Queremos recuperar la palabra "vivienda" en su antigua acepción -por ejemplo, empleada por fray Luis de León, a saber: la de "manera de vivir", "estilo de vida", por lo que no recomiendo entenderla como comúnmente se hace: vivienda = habitación física.


BIBLIOGRAFÍA:

 

CIRLOT, Juan Eduardo. “Diccionario de Símbolos”, Barcelona, 1997.
KRUTA, Venceslas. “Los Celtas” (Apéndice de la doctora G. López Monteagudo), Madrid, 1992.

MARCO SIMÓN, Francisco. “Los celtas”, Madrid, 1990.

BLÁZQUEZ, José María. “Imagen y Mito. Estudios sobre religiones mediterráneas e ibéricas”, Madrid, 1977.

CARO BAROJA, Julio. “El Carnaval. Análisis histórico-cultural”, Madrid, 2006.

CARO BAROJA, Julio. “Los pueblos de España”, Madrid, 1981.

RECIO VEGANZONES, Alejandro. “Relieve ibérico funerario con caballo de “Las peñuelas” (Martos)”, Separata del “Homenaje a José Mª Blázquez” , Madrid, 1993.

VEGA, Lope de. “Peribáñez y el Comendador de Ocaña”, Madrid, 1982.

PEREDA, José María de. “El sabor de la tierruca”, Madrid, 1889.

viernes, 8 de julio de 2016

MAL DE OJO, AOJAMIENTO, FASCINACIÓN



LAS SUPERSTICIONES A OTRA LUZ: UN EJEMPLO

Manuel Fernández Espinosa


"Para poder sonreírse de anticipado al oír hablar de simpatía secreta o de acción mágica, es preciso hallar al mundo por completo comprensible, cosa que no cabe le suceda más que a aquel que lo mira con superficial mirada, sin sospechar siquiera que estamos sumidos en un mar de enigmas y de incomprensibilidades, y que no conocemos inmediatamente a fondo las cosas ni a nosotros mismos".

Arthur Schopenhauer




Los estudios antropológicos, así como los de otros campos del saber, han contribuido no poco a mostrar que el mundo de las supersticiones está lejos de ser un objeto de burla autosuficiente, por mucho que resulten a primera vista incomprensibles. La superstición -definida vagamente por el diccionario de la RAE- como "una creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón" requiere ser revisada. La superstición, en efecto, es una "creencia extraña a la fe religiosa"; ¿pero ha sido siempre "contraria" (o siquiera extraña) a la razón? Es aquí donde el estudio de la historia de la ciencia debiera enfocarse sin prejuicios ni aspavientos, puesto que muchas creencias, usos y costumbres consideradas hoy como superstición fueron en su día elementos constitutivos de sistemas científicos hoy obsoletos y olvidados. Habiendo perdido las referencias de esas concepciones ("científicas" en su día) del mundo y sus relaciones lo que llamamos "superstición" vendría a ser en la actualidad una creencia extraña, sí: a la religión y a la ciencia contemporáneas, pero extraña por haber "sobrevivido". Superstición proviene del latín "superstitio" que se forma con "super" (sobre, por encima) y el verbo "stare" (estar) y el sufijo "-tion" (acción), la superstición es, por lo tanto, lo que permanece por encima de lo que está en pie, lo que pervive por sobre lo establecido, lo que persiste, lo que ha sobrevivido aunque en una condición residual, como los restos de un galeón naufragado en la playa de hoy. La superstición, por lo tanto, no es en principio una "creencia" equivocada ni ridícula, tampoco irrisoria: hay que estudiarla con más rigor.

Por ejemplo, una de las "supersticiones" que todavía existen al menos en los ambientes rurales es la creencia en el "mal de ojo", en el "aojamiento". Y vamos a tomarla como ejemplo que nos servirá para demostrar lo que hemos dicho arriba.

El "mal de ojo", también llamado "aojamiento" o "fascinación", es considerado como una superstición propia de gentes sencillas y cándidas que conceden credibilidad a una extraña (e increíble, para el moderno) forma de causar el mal "invisiblemente", se supone que a través de los ojos, de la mirada. Nuestro Enrique de Villena, uno de los personajes más interesantes de nuestra Baja Edad Media española, el mismo que en su día fue reputado como "mago" y que hoy pasa por extravagante, habiendo alimentado antaño una dilatada literatura fantástica sobre la base de su figura legendaria, escribió todo un "Tratado de fascinación o de aojamiento" que muestra un buen compendio de lo que los científicos de su época, por mucho que hoy nos parezcan magos, cabalistas y gente estrafalaria, pensaba sobre el asunto. Por eso podía escribir Villena: "Onde al presente sea a vos manifiesto muchos filósofos e grandes letrados fablaron del ojo, donde se diriva [=deriva] aojar, que en latín dezimos façinar [=fascinar] o por aojamiento façinaçión [=fascinación]. E pocos dieron la cabsa [=causa] d'ello e fueron menos los [que aportaron] las causas alcançantes de sus remedios preventivos, cognitivos e subsecativos [subsecuentes, subsiguientes], siquier curativos. Los más, empero, concuerdan de aquellos sean [la causa] algunas personas tanto [=tan] venenosas en su complision [=complexión] e tan apartados de la eucrasia, que por vista emponçoñan el aire e [que] los a quien aquel aire tañe e los resçibe por atracçión respirativa, segúnt en la Cosmografía es manifiesto: afirma en Çiçia sean mugeres que por sola catadura matan."

Posiblemente, la "Cosmografía" a la que se refiere Villena sea la de Gervasio de Cantorbery (finales del siglo XII). El término "eucrasia" que hemos subrayado es sumamente importante para lo que atañe a nuestra exposición. ¿Qué es la "eucrasia"? La "eucrasia" es la buena constitución de una persona, siendo su antónimo la "discrasia". El término procede de la medicina de la antigua Grecia: Hipócrates de Cos sostenía la idea de que la salud era equilibro natural. Más tarde, Galeno establecerá que la salud se basa en la "mezcla justa" de humores que armónicamente se combinan. Vemos, por lo tanto, que la causa que se daba al fenómeno del "mal de ojo" se relacionaba con términos propiamente científicos hoy desconocidos y olvidados (no por ello obsoletos), lo que demuestra que lo que hoy llamamos "superstición" no era ni extraño ni contrario a la razón hegemónica de una época. El mismo Platón había dicho en el "Fedro" que el amor era una especie de enfermedad ocular. Agrippa de Nettesheim también afirma que la fascinación "es una fuerza que, partiendo del espíritu del fascinador, entra en los ojos del fascinado y se introduce hasta en su corazón. El espíritu es pues el instrumento de la fascinación; emite, por los ojos del cuerpo, unos rayos parecidos a él mismo y lleva consigo la virtud espiritual. De este modo, los rayos que parten de ojos legañosos y rojos llevan consigo el vapor del espíritu y la sangre corrompida cuando encuentra los ojos del que mira y, por este contagio, estos ojos que miran quedan obligados a contraer la misma enfermedad".

Marsilio Ficino apunta: "¿Qué tiene de sorprendente entonces si el ojo abierto, y dirigido con atención hacia alguno, lanza a los ojos del que está cerca las flechas de sus rayos, y junto con éstas, que son el vehículo del espíritu, extiende el vapor sanguíneo, que llamamos espíritu? De aquí la flecha envenenada trapasa los ojos y como es lanzada por el corazón del que hiere, busca el pecho del hombre herido, como su propia morada, hiere su corazón y se condensa en su más duro dorso, y se convierte en sangre. Esta sangre extraña, que es ajena a la naturaleza del herido, envenena la sangre propia de éste. Y envenenada la sangre, se enferma. De aquí nace una fascinación doble...".

Podríamos añadir multitud de pasajes escritos por filósofos y médicos renacentistas (es cierto que muchos de ellos considerados magos, pero eso es otro tema) que tratan este asunto de la fascinación, pero con seguridad quien mejor comprendió estas cuestiones siglos después -ya en el siglo XIX- fue el filósofo alemán Arthur Schopenhauer. Schopenhauer, con una vastísima cultura enciclopédica, tanto del pasado como de su época, y con su poderoso talento sintetizador, empeñado como estaba en confirmar su filosofía del mundo como voluntad y representación, revisa el estado de las ciencias de su tiempo en su obra "Sobre la voluntad en la naturaleza" y, haciéndose cuestión del asunto de la fascinación; cuando llega a las curaciones por magnetismo, escribe: 

"A juzgar por la analogía, es más que verosímil que la fuerza insidente, que obrando inmediatamente sobre el individuo extraño puede ejercer un influjo saludable, pueda obrar también sobre él, tan poderosamente cuando menos, de una manera perjudicial y perturbadora [,,,] Resúltanos también comprensible, desde este punto de vista, el por qué el pueblo atribuye tercamente en todas partes y hasta el día de hoy ciertas enfermedades al maleficio (mal de ojo), sin que se pueda disuadirle de ello:"
 


domingo, 3 de julio de 2016

FOLCLORE Y CRITICONEO

http://www.grupomazantini.com/festivales/seguidilla2009/madrid/grandes/madrid01.jpg

Por Antonio Moreno Ruiz
Historiador y escritor

En muchos países del ancho mundo, los llamados patriotas, y en especial los tradicionalistas, amén de política sensu stricto, se dedican a otras muchas actividades, y entre ellas, está la defensa y promoción del folclore. Sin embargo, en España, no sólo no es que esto no se haga, sino que hasta parece molestar. Lo he notado tanto en persona como en facebook: Cuando uno desarrolla este tema, despierta las histerias más insospechadas. Unos pueden ir en nombre del “purismo” que siempre contradicen y nunca demuestran; otros, en nombre del “gusto”, y otros, pues en nombre de sólo Dios sabe qué… Coincidiendo, eso sí, en una pertinaz exhibición de ignorancia. Y lo malo no es tanto eso, sino que con esta insistente y contagiosa burricie con ínfulas al final acaban impidiendo que se cree nada bueno.

Y es que en verdad no entendemos qué es lo que puede molestar de este mundo musical que, con sus más y sus menos, atrae tanto la atención -y mayormente para bien- de unos extranjeros que parecen valorar más lo español que nosotros.

Tal y como está la situación, vemos que el  “mundo de la cultura” ha sido entregado a los rojos y al separatismo gratuitamente. Por supuesto, la derecha liberal, lejos de hacer nada al respecto, ha subvencionado cada vez que ha podido a todo lo progre habido y por haber. Yo soy testigo de cómo el gobierno de Rajoy financia exposiciones blasfemas y asociaciones homosexualistas en Lima mientras miles de españoles arribamos a buscar unas oportunidades y expectativas que en nuestra propia tierra nos han negado. Con estos moldes, no parece que vaya a cambiar mucho la cosa, porque  ni el rojerío ni el separatismo junto y revuelto encuentran una oposición cultural formada y coherente, porque las “inteligencias patrióticas”, lejos de elaborar un plan integral y con sentido común, se dedican a construir castillos electorales en el aire, empezando la casa por el tejado, sin ningún tejido social, sin ninguna línea cultural, sin ningún interés metapolítico ni tangible. Y en verdad esto suele pasar porque estamos ante personas a las que le encanta la automarginalidad, considerando que su grupito/partidito/secta es una terapia de autoayuda donde hay que coronarse jefe absoluto bajo la trilogía de café, copa y puro; y todo lo que sea llevar a la difícil y dura realidad algo de eso es boicoteado, porque por un lado, haría peligrar la muy burguesa y tranquila vida de algunos, y por otro, sería salir de ese mundo ficticio-narcótico. Por eso, también conviene azuzar el miedo a los rojos, a los moros y a lo que haga falta, con tal de mantener las distancias.

Por supuesto, para gustos los colores. No se trata de obligar a que nos guste una determinada música. Algunos se cansan de los tópicos y culpan al flamenco, pero ya les digo yo que cuando salgan al exterior, el flamenco, que no es folclore propiamente dicho (ni nunca tuvo pretensiones de tal), será tanta referencia como la paella, la gaita o el cachirulo. Y  mí como andaluz, nada de esto me molesta, al contrario. ¿Por qué a un gallego, un valenciano o un aragonés se deberían sentir molestos al escuchar una rumba, entonces?

No es de recibo que nuestra bella estética musical en particular y cultural en general se esté perdiendo por la desidia del personal y la irrupción de modas estúpidas, y que todo aquello que sea esencial se lo estén quedando los que no deben. O por lo menos, no deberían, ya que según sus ideologías, todo nuestro pasado debería ser barrido. Y si no ha desaparecido un acervo que todavía reconocemos como nuestro, es por algo. Está ahí, y entre nosotros hay gente que puede cultivarlo bien.

Es cierto que a veces, algunos hacen “fusiones” o “desvíos” presentando como “tradiciones milenarias” algo que se acaban de inventar, y esto es el peligro que siempre han encarnado las visiones románticas/nacionalistas. Y por eso debemos estar nosotros presentes en este mundo, porque eso no se combate desde el criticoneo repipi, sino desde la poesía, la música, el artículo, la novela, la historiografía… Los rojos, por ejemplo, homenajean a los que creen suyos, como Miguel Hernández o Federico García Lorca. ¿Alguien le ha hecho un homenaje a José María Hinojosa? No, porque mayormente ni sabrán quién es.

Por eso,¿cómo osan criticar el flamenco aquellos que no tienen ni idea de lo que hablan? ¿Cómo osan criticar a determinados grupos asturianos rojetes porque cantan en bable y fusionan con música irlandesa? ¿Qué hacen ellos por nuestra cultura para permitirse el lujo de quejarse?


En realidad, debemos interesarnos por estos círculos, por los festivales de música, gastronomía; por el mundo de la agricultura y la ganadería; por todos esos pueblecitos que se nos están quedando despoblados y que acaso podrían ser la semilla de una nueva Reconquista que precisa de una Covadonga heroica y de una resistencia mozárabe; y el folclore español, donde las jotas, las seguidillas y los fandangos, así como las flautas y los tamboriles, y los irrintzis y los aturuxos, se reparten de norte a sur como reticencias que nos dicen que existe un sustrato común aun en diversas formas, y también extendido y diversificado por nuestra América; merece ser trabajado, valorado, estudiado y extendido, empezando por los trajes regionales: Todos, sin exclusivismos ni modas. Cada rincón de nuestra nación debe ser auscultado. Y en esto sabemos que al final, Dios mediante, llevaremos las de ganar, siendo que los viles criticones que hacen que haya más jefes que indios serán arrojados al miserable basurero del que nunca debieron salir. 

miércoles, 20 de abril de 2016

TROVO ALPUJARREÑO

Estimados amigos:

Les dejamos algunos vídeos interesantísimos sobre este folclore aún tan vivo en las Alpujarras, la tierra que el filósofo Manuel Fernández Espinosa ha definido como la Covadonga meridional. Tierra de mozárabes y repobladores, comparte en su valentía y honradez las mismas tonadas poéticas, bravas y hasta picantonas que vemos en las polcas piconas de Canarias, los payadores argentinos o en el punto cubano, aun variando la métrica. Una formidable tradición hispánica que no puede morir.

Pasen y disfruten:


*Recopilación hecha por el historiador Antonio Moreno Ruiz









jueves, 25 de febrero de 2016

LOS LAUBURUS EN EL REINO DE JAÉN

Lauburu de Huelma (Foto: Luis Gómez López)
 

LAS ESVÁSTICAS CURVAS EN JAÉN:
UNA APROXIMACIÓN
Por Manuel Fernández Espinosa
Vaya por delante la expresión de mi gratitud a los amigos comprovincianos que me han ayudado a documentar gráficamente este artículo: D. Rafael Galiano Puy, José Manuel Marchal, José Quesada Martínez, Eduardo López Pérez y Luis Gómez López, todos ellos amantes de nuestra Historia, de nuestro Patrimonio y de nuestra Tradición.

 
Uno de los símbolos más universales es la llamada “esvástica”.Los tratadistas la consideran una de las muchas formas de cruz, entre las que podrían enumerarse la latina, la griega, la decussata, la patriarcal, etcétera. Pero el hecho es que la “esvástica” no sólo se ha empleado en el contexto simbólico del cristianismo (a partir del siglo III) sino que pueblos y culturas de Extremo Oriente y hasta de la América precolombina, anteriores al cristianismo, han empleado esta forma que, según René Guénon, es “una de las formas más relevantes de lo que hemos llamado cruz horizontal, es decir, la cruz trazada en el plano que representa un cierto estado de existencia” (1). La esvástica también recibe el nombre de “cruz gamada” o “gammadion” debido a que, siendo cruz de cuatro brazos (tetrakelion), puede formarse uniendo cuatro letras gamma.
La mayor parte de los estudiosos coinciden en que la esvástica es un símbolo solar. Ludwig Müller pensaba que era el símbolo del dios supremo en la Edad del Hierro. Mackenzie la relaciona con el periodo de la agricultura y con los cuatro puntos cardinales. Schneider sostenía que esta figura representa la sucesión de las etapas de la vida y el más arriba mencionado René Guénon se desmarcaba de todas estas interpretaciones, aportadas por historiadores y estudiosos de las religiones, tildándolas de “fantasiosas”, pues entiende que no hay que hacer de la esvástica un signo exclusivamente solar. Para Guénon la esvástica hay que relacionarla con el movimiento, pero “no se trata de un movimiento cualquiera, sino de un movimiento de rotación que se realiza alrededor de un centro o de un eje inmutable; el elemento esencial al cual se refiere directamente el símbolo en cuestión, repetimos, es el punto fijo” (2). Por eso Guénon ve en la esvástica el “signo del Polo”.
En el cristianismo aparece tempranamente. En el primitivo arte funerario cristiano las cruces no proliferan. Comentando la iconografía y la simbología de las catacumbas un especialista como Monseñor Eduardo Junyent nos revela que “No abunda en el primitivo arte sepulcral la expresión del símbolo de la cruz como señal de Cristo, aunque se ofrecen algunos casos raros en los que se identifica este símbolo en la figura del tridente, en la llamada cruz esvástica…” (3).
Con anterioridad a la cristianización de la Península Ibérica, la esvástica sí parece ser símbolo extendido entre los celtíberos; notable es el caso de las representaciones de la esvástica en la cerámica numantina: “En la cerámica de Numancia aparece el disco radiado, al igual que esvásticas o cruces” –refiere J. M. Blázquez (4).
En Vasconia también encontramos la esvástica en las estelas funerarias de época romana, aunque tampoco faltan otras representaciones que se asimilan a la esvástica de cuatro brazos, como son la rueda de radios curvos. La esvástica vasca que todavía pervive es un tetrakelion de brazos curvos y recibe el nombre eusquérico de “lauburu” (cuatro cabezas). El símbolo del “lauburu”pervive todavía entre los vascos que han sabido conservar sus tradiciones mejor que otros pueblos ibéricos actuales. El “lauburu” no estaba confinado a las provincias vascongadas y Navarra, sino que desde tiempos inmemoriales se difundió por toda la península ibérica, pudiéndose hallar “lauburus” en los hórreos asturianos y gallegos, también por Aragón en donde es llamado “quatrofuellas” y, cuando tienen más de cuatro brazos, se les llama “religadas”.

 
Aunque su simbolismo es tan remoto y se vincula con el simbolismo del centro inmóvil alrededor del cual gira todo, la esvástica curvilínea ibérica adquiriría el valor simbólico de Cristo como centro del universo. Es por eso por lo que la podemos encontrar plasmada en templos cristianos de factura románica y gótica; no sólo ocurrió en Hispania, la “Cruz del Verbo”,formada por cuatro “gammas” (cada una de las cuales representa a uno de los cuatro evangelistas) es la versión geométrica del tetramorfos, donde Cristo ocupa el centro y los cuatro evangelistas cada uno de los cuatro brazos. Sin embargo, con el tiempo, el símbolo del “lauburu” va desapareciendo del contexto arquitectónico religioso y “en muchos casos es un simple motivo de decoración”, según nos dice el Padre José Miguel de Barandiarán (5), aunque el mismo antropólogo vasco no dejará de recordar su carácter sagrado. La misma suerte correría la esvástica en otras latitudes, como ocurre en Lituania y Curlandia, en donde los campesinos dibujaban este símbolo en sus casas a manera de talismán protector.

Lauburus en las puertas de una alacena, casa de Jaén del siglo XIX. Foto: Eduardo López Pérez
 
LAUBURUS EN EL REINO DE JAÉN
Después de esta introducción general, nos concentramos en la profusión de “lauburus” en la actual provincia de Jaén. En la mitad norte de la península, la presencia de esvásticas curvas es muy antigua (Numancia) y se halla en tierras asturianas, gallegas, castellanas y aragonesas. En Vascongadas no solo se conservan monumentos arqueológicos, sino que goza de total vigencia en la actualidad siendo uno de los símbolos identificativos de la cultura eusquérica. En cambio, un hecho menos conocido es la presencia de “lauburus” en Andalucía y, para ser más precisos, en la provincia de Jaén.
En una superficial investigación hemos podido hallar varios ejemplares de “lauburus” dispersos por la provincia jiennense y de diversa antigüedad y función. Vamos a comentarlos aunque sea someramente:
LAUBURU EN HUELMA
Ubicada en el este de la provincia, a unos 50 kilómetros de la capital, Huelma es un municipio de considerable antigüedad, reconquistado por Don Íñigo López de Mendoza, el célebre Marqués de Santillana, famoso en la literatura por sus “serranillas” y por su vinculación con la escuela alegórica de Dante. La concepción de la primera fase de la construcción de la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción de Huelma parece que se debe a Diego de Siloé, interviniendo en su edificación Francisco del Castillo el Viejo y Domingo de Tolosa; más tarde, en 1559 se haría cargo de las obras Andrés de Vandelvira y, tras la muerte del maestro Vandelvira, retomaría las obras de la misma Francisco del Castillo el Mozo, hijo de Castillo el Viejo. El “lauburu” que encontramos en Huelma puede verse en la clave del dintel de una casa antigua todavía en pie, en lo que se llama hoy la Avenida de Andalucía, pero el emplazamiento corresponde, según Ángel del Moral, a lo que se llamaba en el callejero la Calle Maestre Domingo. Todo hace suponer que el Maestro Domingo que daba nombre a la calle en que se alza esta casa era el Maestro Domingo de Tolosa, pudiendo tratarse de la misma casa del maestro cantero. No sería de extrañar que este cantero que, como hemos dicho más arriba, trabajó con Francisco del Castillo en la erección de la parroquia huelmeña, decorara el dintel de su puerta con un “lauburu”, dado que el Maestro Domingo de Tolosa era guipuzcoano.



LAUBURU EN VALDEPEÑAS DE JAÉN

Lauburu en iglesia de Valdepeñas de Jaén, foto de José Manuel Marchal
 
Otro “lauburu” podemos contemplar en la bóveda de la tercera nave de la Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol de Valdepeñas de Jaén. Valdepeñas de Jaén fue fundada en 1539 siendo poblada en un primer momento por un contingente de colonos procedentes del servicio palaciego de Carlos I de España y V de Alemania, también vendrían a poblarla vecinos de otras localidades del Reino de Jaén: de Jaén capital, de Torredelcampo, de Jamilena, etcétera y no serían pocos los vascos que se asentaran en ella a juzgar por los apellidos de aquella época de fundación. Las bóvedas, nos informa José Manuel Marchal, se terminaron a mediados del siglo XVII y la bóveda en la que podemos contemplar el “lauburu” tuvo que acabarse de hacer el año 1650, siendo prior Cristóbal Ruiz de Villaviciosa.






LAUBURUS EN EL MONASTERIO DE NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA DE BARRANCO CAZALLA

Lauburu en el Monasterio de Ntra. Sra. de la Esperanza (Barranco-Cazalla, Jaén).
Foto de Rafael Galiano Puy

 
Sabemos por las investigaciones de D. Rafael Galiano Puy que este lugar de Cazalla era un castillo que fue reconquistado por Fernando III el Santo el año 1244, con Pegalajar y Mata Begig. El castillo de Cazalla (también Caztalla) pasaría a manos del Obispo de Jaén, por concesión de Alfonso X el Sabio. En el siglo XVI aquel paraje se había convertido en una cortijada, siendo propiedad de Don Rodrigo Ponce de León, vecino de Jaén. En un barranco llamado Almonester, próximo a Cazalla, se erigiría un monasterio que, ocupándolo los agustinos, sería conocido como Monasterio de Nuestra Señora de la Esperanza; era el primero de los monasterios agustinos en el Reino de Jaén. Documentalmente, la primera referencia de este monasterio se hace en el año 1541 y a partir del año 1578 el monasterio fue abandonado por los agustinos y ocupado por los padres basilios. La familia del cantero Francisco del Castillo estaría muy ligada a este cenobio y, con mucha probabilidad, el elemento arquitectónico en que aparecen esculpidos dos “lauburus” fuese obra de los canteros de Francisco del Castillo el Viejo. Los “lauburus” aparecen en la portada del convento.

 
LAUBURU EN EL PALACIO DEL CONDESTABLE IRANZO
(CIUDAD DE JAÉN)


Lauburu en el Palacio del Condestable Iranzo (ciudad de Jaén): foto Rafael Galiano Puy

 
El Condestable Miguel Lucas de Iranzo fue uno de los personajes más singulares de la Baja Edad Media de Jaén. En 1462 adquirió un lugar donde erigiría su residencia, llamada desde entonces Casa Palacio del Condestable Iranzo. La suntuosa residencia palaciega de tan importante personaje ocupada una amplia superficie. Pero desde el año 1462 a la actualidad este edificio ha sufrido muchísimos avatares, dividiéndose, empleándose para funciones muy distintas (Casino, Cine, etcétera…) y, pese a tantas vicisitudes, ha mantenido muchos elementos de diversas épocas. Uno de los elementos que parece de los más antiguos es el hermoso “lauburu” que puede contemplarse en uno de los arcos de las galerías que dan al patio y que parecen que son elementos antiguos del edificio tan modificado a lo largo de tantos siglos.

Mismo "lauburu" en el Palacio Iranzo (hoy Casino de Jaén). Foto: José Quesada Martínez
 


LAUBURUS EN LA BÓVEDA DE LA BASÍLICA DE SAN ILDEFONSO (CIUDAD DE JAÉN)
Declarada Basílica-Santuario el 9 de junio de 2010 por S. S. Benedicto XVI, la iglesia de San Ildefonso de Jaén es una de las de más solera de la ciudad. Su fundación se fecha en 1248. En 1430 este templo y su collación fue escenario del milagroso Descenso de la Virgen de la Capilla, patrona de Jaén, y en su sagrado suelo reposan los restos del gran arquitecto Andrés de Vandelvira. En los arcos góticos de la bóveda de San Ildefonso podemos encontrar varios “lauburus” esquemáticos.
 
CONCLUSIÓN

Los “lauburus” localizados en diversos puntos de la geografía del Santo Reino de Jaén que hemos comentado no son de tanta antigüedad como los que pueden hallarse en otras partes de la Península Ibérica. Pero son, sin lugar a dudas, vestigios de un pasado que incorporó el sagrado símbolo al acervo jiennense, símbolo que puede hallarse en culturas tan remotas en el tiempo y en el espacio como son la India, los pueblos americanos precolombinos, los germanos, los celtas y los vascones.
2. Los “lauburus” jaeneros pertenecen, por su fecha, a una vertiente simbólica indudablemente cristiana, con ellos se trata de representar figurativamente el Centro del Universo: Cristo Rey, en el punto central del que arrancan los cuatro brazos curvilíneos que habría que interpretarlos como símbolo de los cuatro evangelistas.
3. Su funcionalidad pertenece al lenguaje simbólico de edificios sagrados: el Monasterio de Nuestra Señora de la Esperanza en Cazalla, la iglesia de Santiago Apóstol de Valdepeñas de Jaén y la Basílica-Santuario de San Ildefonso, pero también se muestra como elemento decorativo de la arquitectura civil: Casa Palacio del Condestable Iranzo o Casa de Huelma.
4. El superficial rastreo de los edificios en donde hallamos estos “lauburus” nos lleva a pensar que si hay unas personas históricas relacionadas con estos edificios son Francisco del Castillo el Viejo, Francisco del Castillo el Mozo y Domingo de Tolosa, el vasco que trabajó con los Castillo. Pensamos que, debido a su oriundez vascongada, Domingo de Tolosa es la clave a investigar para poder precisar el origen de estos “lauburus” en Jaén. Y nos inclinamos a pensar que fue este cantero guipuzcoano el que, lejos de su tierra vascona, labró los “lauburus” que hoy podemos contemplar y de los que, como jaeneros, podemos sentirnos muy orgullosos. Hemos ofrecido una aproximación, pero creemos que es muy probable que, a partir de este artículo, sean muchos más los lauburus que sean redescubiertos en otros puntos de la provincia de Jaén. Nos daríamos por satisfechos si así fuese.

Lauburu en una de los capiteles del claustro de la Colegiata de Castellar de Santisteban (Jaén):
Foto José Manuel Marchal
 
BIBLIOGRAFÍA:
1. “El simbolismo de la cruz”, René Guénon, Ediciones Obelisco, Barcelona, 1987.
2. “El rey del mundo”, René Guénon, Luis Cárcamo, Editor, Madrid, 1987.
3. “Los cementerios cristianos de Roma”, Eduardo Junyent, en “La Tumba de San Pedro y las Catacumbas Romanas”, de Engelberto Kirschabum S. J., Eduardo Junyent, Pbro y José Vives, Pbro. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1954.
4. “Primitivas religiones ibéricas. Religiones Prerromanas”(tomo II), J. M. Blázquez, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1983.
5. “Mitología vasca”, José Miguel de Barandiarán, Editorial Txertoa, San Sebastián, 2001.
6. "Del monasterio de Nuestra Señora de la Esperanza, en el Barranco de Cazalla, al Convento de Santa Isabel de Huelma, ambos de la Orden de San Agustín", Rafael Galiano Puy, Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, Nº. 176, Jaén, año 2000, págs. 337-392.
7. "Diccionario de Símbolos", Juan Eduardo Cirlot, Labor, Barcelona, 1969.